Vox Humana

I haunted a basketmaker’s shop.
Spending days tearing pictures from magazines, taping them to the walls of my prison.
I remember walking by the sand, each knob represented a different frequency range,
and I remember holding the hand of the skeleton prince and he swept me into his arms, and he, he had tremolo deep in the back of his black eye sockets, and he said,
“Do you want to come away with me into the pitch black pool?”
And I said, “I don’t know, I don’t know, I don’t know…”
Photocopied
The wind ripped through the trees and all the stained-glass windows rattled.
I haunted a basketmaker’s shop in 1927
And on the beach in the summer there were thunderstorms constantly, and they were unpredictable, nobody knew when they would come and nobody knew how long they’d last.
Sometimes they’d only last five minutes, and sometimes, weeks.
I haunted a basketmaker’s shop because I had nowhere to go
(one long weekend)
Stained-glass windows turning off and on and the tremolo in the back dark corners,
cobwebs stripped, mildewed.
I remember acoustic guitars and bells, I remember the cathedral.
I remember cassettes, cathedral.
I remember cassette cathedral.
I remember cassette cathedral.

Yo solía penar en la tienda de un cestero
Me pasaba los días arrancando paginas de revistas y pegándolas luego en las paredes de mi prisión.
Me recuerdo caminando sobre la arena, llevando mi detector como a un perro inquieto, de vez en cuando moviendo las perillas, cambiando la frecuencia
De repente estoy sujetando la mano del esqueleto de un príncipe, sé que es un príncipe porque aún lleva su corona, mientras tomo su mano él me arrastra hacía sus brazos y yo no puedo más que mirar el insondable hoyo en la cuenca de sus ojos, desde el fondo de ese abismo negro siento el trémolo de una voz inefable, es él, diciéndome: ¿quieres venir conmigo a la piscina de color negro?
Yo no puedo dejar de mirar el negro infinito que reemplaza sus ojos mientras le digo: no lo sé, no lo sé, no lo sé…
Luego recuerdo el viento furioso y lo que provocaba, recuerdo el sonido de los árboles, la vidriera de colores temblando y repitiendo el trémolo de la voz que me hizo aquella pregunta
Yo solía penar en la tienda de un cestero en 1927
El verano de aquel año estuvo plagado de tormentas impredecibles, las nubes negras aparecían de repente como si siempre hubiesen estado ahí y solo el primer relámpago las hiciera visibles Nadie sabía cuándo iban a llegar y nadie sabía cuánto tiempo iban a durar, porque bien podían durar cinco minutos o una semana entera
Yo solía penar en la tienda de un cestero porque no tenía adonde ir
Fue el fin de semana más largo de mi vida (o el final de ella)
Recuerdo la vidriera de colores prendiéndose y apagándose como una lámpara vieja, aquel trémolo que provenía de las esquinas más oscuras donde solo había telarañas destruidas y madera enmohecida.
No sé por qué pero en vez del ruido de la tempestad solo recuerdo el sonido de guitarras acústicas y el tañer de las campanas. Recuerdo la catedral.
Recuerdo casetes y recuerdo la catedral.
Solo recuerdo…

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