Prácticas inconfesables

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Reviso un libro de cuentos de Donald Barthelme que compré hace poco. El libro está en inglés y ya había leído un par de cuentos el mismo día de su adquisición, apenas lo tuve busqué el índice y salté directamente a la página 21 para leer The Balloon. Esta vez lo abro desde la primera página, con detenimiento, leyendo todo el paratexto que incluye loas al autor y cuestiones de derechos; al llegar a la página con el título del libro noto algo escrito debajo, la tinta ha secado de manera hermosa, sigue nítida y fina. Puedo distinguir con claridad lo que dice esa letra corrida y puntiaguda. El libro está dedicado a Moniseur K, y con todo afecto agrega el firmante, la dedicatoria fue hecha en Washington en 1977 hace más de 37 años… No puedo evitar sonreír y pensar que es la edad de mi hermano, que es mucho tiempo, que un abuelo un hijo y un nieto pudieron haber leído el mismo libro, que estas historias, pero no solo estas historias, este libro en particular, este objeto, estas 173 páginas precisas pudieron haber sido leídas innumerables veces por distintas personas. También pienso que a Moniseur K pudo no haberle gustado el libro, que pudo haber aceptado el regalo con una sonrisa forzada y luego haberlo guardado en un rincón de su biblioteca, no hay marcas de lectura, no hay pliegues en el lomo que delaten una apertura prolongada del objeto, solo están las huellas del tiempo que todo lo marca a su paso. Ambas alternativas son posibles, ambas son improbables. Este libro pudo haber sido leído por un par de generaciones o pudo no haber sido leído nunca, sin embargo ahí está esa dedicatoria con mi nombre y no puedo más que sentir que el libro me llama, que de alguna manera es mío más allá del hecho de haberlo comprado. Me apresuro a leerlo como si fuera el primero, como si nunca hubieran pasado otros ojos por él. Empiezo la lectura de nuevo, desde la primera página.

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Practices,
Unnatural Acts

Donald Barthelme

Para Monsieur K, con todo afecto…

Una sonrisa se dibuja de nuevo, como cuando esa persona te repite aquello que te gusta oír.

Sueños de romance de un joven prisionero

And the loneliest it ever gets…

All my days are spent chasing you
I am up to my age
A sniper on standby
Deadly goodbye
All my days are spent catching rain
I’m mending the pain
The flickering light
Dancing goodnight
I could change
Break the chains
And I will
At night I will think of you still
In a cage in my corner of Hell
I wrapped my head in bandages well
And the loneliest it ever gets
Is when the sun fucking sets
I need a cigarette
I’ve changed
Begged for change
And I pray
I will see you some day

Si vago todos los días es porque te busco
aunque sé que sería casi imposible hallarte
y más imposible aún, si se puede, que me reconozcas.

De todas maneras te busco, espero paciente en cada esquina,
con la mirada fija como un francotirador con el arma en ristre,
esperando que su víctima aparezca.

No importa si llueve, te sigo buscando,
al fin y al cabo la lluvia me limpia,
el frío me acompaña hasta casa
y si es invierno duerme conmigo.

Una pequeña lámpara alumbra
las cartas que aún conservo,
las sé de memoria por eso no las leo,
me basta con verlas, con sentirlas,
con saber que alguna vez tú las escribiste,
me doy cuenta de que no necesito la luz para
sentir que lo que dicen es real, fue real…

Juego un poco con el interruptor
mientras veo la única foto que tengo de ti,
de repente estamos bailando en algún antro oscuro
viéndonos intermitentemente
estirando las manos para no perdernos
besándonos cada tanto para no separarnos.

Cuando recuerdo esos momentos, los buenos,
me llena una vitalidad extraordinaria,
tengo ganas de cambiar, sí, de cambiar,
no es la primera vez que las siento
pero me parece que quizá sea la última.

Como cada noche, imagino que me acompañas en este infierno,
reservo el lado más suave del colchón para ti
y no importa que el frío se cuele por mi espalda
con tal de sentir que duermes a mi lado.

Me ataca de nuevo esa vitalidad, ahora perentoria, y salgo de la cama,
me paro frente a la única ventana y veo un cielo vacío, tristemente vacío…

Lo que más me duele es el recuerdo de todas las tardes que he pasado solo,
nunca estoy acompañado pero jamás me siento tan solo como cuando se pone el sol,
es como si un pedazo de mí se apagara con él, todos los días…

Para hacer esa muerte paulatina más real fumo un cigarrillo todas las tardes,
procurando dar la última pitada cuando el sol se ha ido para siempre, despidiéndome…

Te sigo buscando, he cambiado pero no dejo de buscarte,
he cambiado para estar listo por si un día te encuentro,
he matado a mis demonios y he salido del infierno.

Ahora rezo esperando verte algún día.

He cambiado…