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And now that it’s gone it’s like it wasn’t there at all…

The glove compartment is inaccurately named
And everybody knows it.
So i’m proposing a swift orderly change.

Cause behind its door there’s nothing to keep my fingers warm
And all i find are souvenirs from better times
Before the gleam of your taillights fading east
To find yourself a better life.

I was searching for some legal document
As the rain beat down on the hood
When i stumbled upon pictures i tried to forget
And that’s how this idea was drilled into my head

Cause it’s too important
To stay the way it’s been

There’s no blame for how our love did slowly fade
And now that it’s gone it’s like it wasn’t there at all
And here i rest where disappointment and regret collide
Lying awake at night

There’s no blame for how our love did slowly fade
And now that it’s gone it’s like it wasn’t there at all
And here i rest where disappointment and regret collide
Lying awake at night (up all night)
When i’m lying awake at night.

La guantera no debería llamarse así.

Es curioso como a veces reflexionamos sobre cosas tan nimias,
como si la realidad nos tirara pequeñas cuerdas
de las que la mente se aferra para no enloquecer.

Vengo manejando hace unas cuantas horas, sin rumbo,
escapando de algo que sé que no podré dejar atrás.

Cuando la carretera es recta acelero, siento la suave resistencia del pedal
y en vez de aferrarme, aflojo las manos sobre el volante.

Me imagino como aquellas representaciones de viajes espaciales
que solía ver de niño. El envión, la respuesta contraria del cuerpo,
el zumbido y las luces; todo eso siento y sin embargo basta que levante los párpados
para recordar que escapar es imposible.

A eso hay que sumarle las luces de una patrulla y el sonido intermitente,
solo formal, de una sirena que gatilla siempre una sensación de arrepentimiento.

Aunque nunca he estado en la cárcel ni he tenido problemas mayores con la ley
yo también la siento. Siento que la cagué, que todo estaba mal, que todo fue mi culpa,
que todo podía evitarse.

Ya había detenido el auto, quise prender un cigarrillo pero recordé que en la mañana
había decidido cambiar de vida y eso incluía alejarme de los vicios un tiempo.
No sé si así funciona la sinestesia pero podría jurar que tenía el sabor
de la decepción en la boca.

Si bien sabía que el policía estaba parado a mi lado, el golpe de la linterna contra
la ventana me asustó. Sentí una corriente hacer bailar mi cuerpo, como uno de esos espasmos
cuando te estás quedando dormido.

No quise bajar más la ventanilla, ni mirar al oficial,
tampoco quise ver mis ojos a través del retrovisor,
así que terminé mirando la pequeña placa que adorna la guantera.

El policía se agachó un poco para hablar por el espacio abierto de la ventana:
-Documentos.

Sin decir una palabra, seguí mirando el compartimento y en el momento en el
que el oficial iba a decir algo me agaché a abrirlo.
Interrumpió lo que seguramente era una puteada mientras yo rebuscaba
entre todas las cosas que se habían acumulado ahí desde que me compré el auto.

Es raro que siendo tan maniática de la limpieza
nunca se te haya dado por ordenarlo.

Lentamente reviso cada uno de los papeles, aunque sea obvio que no se trata de la tarjeta de propiedad
ni del brevete. El golpe de la nostalgia es brutal, pareciera que es peor si es uno el que lo busca,
ese lápiz de labios de color horrible que te hice guardar allí sabiendo que nunca lo recordarías,
una foto que dejaste sin que yo me diera cuenta la primera vez que subiste, las camisetas que
hacías con las cajas de mis cigarrillos, las servilletas en las que nos dibujabas y en las que me decías cuanto me amabas, los aretes impares que encontraban algunos de mis amigos cuando se sentaban en el que era tu sitio.

Todo de golpe, como un saque que lleva a mis venas el recuerdo de lo que fue y ya no es.

Es ahí cuando me doy cuenta de lo impreciso del nombre de este compartimento,
porque no hay nada aquí que abrigue mis manos.

Es ahí cuando siento que la decepción y el arrepentimiento colisionan.

Me siento de nuevo y le digo al policía que probablemente los haya dejado en casa.

Lamento que sea lo único que haya olvidado.

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